Estan los que tienen que estar.

Un grupo de sabios me dijo no hace mucho, que las personas que se tenían que alejar por fin lo harían, que mientras más avanzara en mi camino, mientras más cambiaran mi ser y mi alma, más gente se iría y, que no debería sentirme mal por ello: “Debes entender que lo harán porque esperan de ti alguien que no eres, esperan que seas como fuiste antes de conocerte a ti mismo, trascendiste tu pasado y dejaste atrás a ése Luis”.

2017 terminó y trajo consigo muchas más bendiciones de las que imaginé, el año cerró justo como dijeron que cerraría, se ha ido gente, me han juzgado loco, he aprendido a no permitir que se trasgreda mi metro cuadrado y le he perdido el miedo a estar solo. Gracias a Dios por los que se fueron y gracias también por los que llegaron y los que se quedaron.

Gracias por los nuevos amigos y los buenos amigos, gracias por el trabajo y el mezcal, gracias porque se han ido la hipocresía y la envidia, las falsas amistades y la egolatría. Éste año más que nunca, gracias.

Tal como al principio de ésto lo dije, están los que tienen que estar.

Maeda, L. 2018

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