Despierto

Lánguida pernocta a mi lado la dueña de mis amores,
eternamente sumida en desvaríos y placeres,
abnegada es mi amante,
mía, tan sólo mía por siempre.
Confieso que la he amado durante toda la noche,
duerme mi cielo sonriente,
llena de mis principios y mis finales,
soñando quizás aún tenerme entre sus piernas.
Ronca plácidamente,
no se abstiene de entre sueños pronunciar mi nombre,
su cabeza descansa sobre mi pecho,
su cuerpo desnudo es simplemente perfecto.
Acaricio su espalda,
le robo el aliento,
le beso la boca,
y de pronto…
despierto.

(Maeda, L. 2013)

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